La oscuridad pesaba sobre su cuerpo, pero su mente nunca descansaba, se encontraba pensando en todos los Pendientes. Eran como susurros que atrapan en una telaraña invisible, obligando a repasar cada tarea, cada error, cada miedo.
Se giró en la cama. ¿Estaba despierto? ¿O dormía?
El tiempo se volvió un laberinto sin puertas. Su mente se desdoblaba, calculando, planeando y repitiendo un eco sin final durante la oscura noche.
Los segundos se estiraban hasta convertirse en horas. La sensación de estar atrapado en una vigilia infinita lo consumía.
Y entonces, en medio de la nada, se preguntó:
¿Alguna vez volveré a despertar de verdad?