Las olas rompían contra la orilla, susurros oscuros se arrastraban en la arena. El viento traía palabras que no eran del mundo de los hombres.
— "Si tienes miedo, vete".
El mar se alzaba, extendiendo sus brazos de espuma como si quisiera abrazarlo o devorarlo. Él gritó, su voz se perdió entre la brisa, la inmensidad y la oscuridad.
Las aguas se aquietaron. Una voz profunda, sin origen, resonó desde las profundidades abisales:
— "Cuando vuelvas, no grites. No soy lo que temes."
El silencio cayó sobre la playa. El mar lo observaba, sin ojos, sin rostro, pero con una presencia que calaba hasta los huesos.
La noche avanzó, y en el horizonte, las olas seguían murmurando su verdad infinita.